Las 70 obras de Salamone (Segunda Parte)


Entrevista a Antonia D’Anna, Madre de Francisco Salamone, realizada por el periodista Mauricio Borghi
"...Hay algo que recuerdo particularmente de él. Pese a que éramos completamente irreligiosos, nuestro hijo llegó a realizar una profunda religiosidad el día en que su padre le regaló una brújula. El hecho de que una fuerza totalmente invisible moviera esa aguja a un destino inviolable, la llevara una y otra vez a un punto propuesto sin ningún mecanismo oculto que la obligara, y por más violentos que fueran sus intentos para que la aguja tomara otro rumbo, para que tomara uno incierto y azaroso, no pudo lograrlo. Mi hijo con sus siete años nunca había experimentado una impresión semejante.
Ya de muy chico ningún juguete llegó a quitarle más de un minuto, ninguna historia, ninguna monería de los adultos, ningún cuento ilustrado. Con la brújula en cambio, mi Francisco alcanzó la convicción apasionada de que detrás de todas las cosas podría haber una presencia, una ley, algo que se mantuviera profundamente invisible e inviolable. La brújula en su invariable propósito, le había marcado un rumbo apasionado.
Más tarde, cuando él tenía nueve años se topó con la enciclopedia de su padre, de entre tantas maravillas, mi chiquito, se enteró de una planta carnívora africana y de sus flores brillantes en un color escarlata. Se enteró que esas flores desprendían un olor completamente nauseabundo, como el de la carne en una descomposición avanzada. Ese tufo de muerte hacía que millares de moscas se sintieran atraídas a las fauces mortales de las flores. Con un mecanismo vegetal asombroso, éstas se cerraban lentamente en un abundante festín. Una de las preguntas que punzaban a mi hijo y que la enciclopedia con sus miles de páginas no objetaba era: ¿Cómo aquella planta africana logró obtener esa tecnología para lograr alimentarse? ¿Cómo adivinó que ese olor y ese color nauseabundo era el que cautivaba a las moscas? Francisco se inquietaba con innumerables peguntas y se disponía llegar más allá de las fuerzas que habitaban detrás de su brújula. Le llamaba poderosamente la atención las presencias que no se ven, las sombras, aquello que acompaña a las cosas de una manera invisible, inteligente y misteriosa.
Una tarde la noticia de que yo había quedado embarazada le impactó primero ligeramente, luego en las noches la fue murmurando hasta madurar en un asombro que le quitó completamente el sueño ¿Cómo es que se fabricaba en la privacidad de un vientre a su hermano menor? ¿Cómo es que nadie visible dirigía esa obra? ¿Cómo la maquinaria interna consideraba por sí misma los materiales y el diseño de la otra máquina a crearse? ¡Cómo era que yo, su madre no le interesaba todo esto! Todo el embarazo lo tuve pegado a mis faldas, preguntándome esto y aquello, husmeando los movimientos internos, sacando unos cálculos que me resultaron graciosos en los primeros meses y fríos e insoportables en los últimos. Mi hijo me resultó impasible, sin sentimientos y cuando adiviné que sus acercamientos al bebé eran solo para sus investigaciones siempre cuando pude, lo regañé"...
En uno de esos cuadernos de anotaciones que le conté y que aún conservo se pueden leer este tipo de cosas. Escuche:
"Cuando el corazón se dilata se abre paso al tiempo. El tiempo toma a la vida que está depositada en algún sitio y la absorbe. Cuando el corazón se contrae la vida es devuelta a su lugar y el tiempo se mantiene congelado, el corazón es el centro mismo de la clepsidra.
Algún hombre se gesta ignorante en algún sitio, un latido se produce y nadie lo escucha, se abre paso al tiempo y una vida con sus horas es levantada.
El sol absorbe las aguas de la tierra como así también la sangre de los seres, madura, agrieta, desvencija y luego la lluvia otra vez. El tiempo es el otro sol que ilumina y desvanece".
O más adelante también escribió esto:
"Imaginemos a un niño que nazca frente a un espejo, que crezca siempre frente a él y que su mente tarde o temprano le diga que su reflejo es él. Es imposible que ese niño logre verse porque siempre cree hacerlo cuando mira el espejo, a su imagen y sombra invertida. Ese niño crece, es hombre y sigue mirando su sombra en el espejo ¿Qué pasaría si una piedra diera en el espejo haciéndolo mil pedazos? ¿Qué sería de ese hombre? Pero la pregunta sería ¿Por qué está ese espejo si su destino u propósito es el de destruirse?"

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