Las 70 obras de Francisco Salamone (Cuarta parte)


Informe anual N° 001
A: Dr. Oscar Allende
Gobernador de la Provincia de Buenos Aires.
De: Baliero, Horacio, Guardia responsable de la obra numero 70
Asunto: Informe Anual Obligatorio Matadero Municipal de Constancia
Fecha: Constancia. 05 de Marzo de 1960
Señor Gobernador este matadero no fue construido para matar animales (por mas que una letras imponentes de hormigón así lo anuncien) sino otra cosa.
He visto el mejor laberinto existente, este es tan solo un gran cuarto dentro de otros cuartos de seiscientos sesenta y seis metros cuadrados. Por dentro está construido de unos espejos únicos, hechos de espejos más pequeños hasta la demencia.
Calculo que estos espejos son siete, pero su verdadero secreto está en su ubicación dentro del laberinto que solo el arquitecto Salamone conoce. El cautivo acudirá a salidas falsas sin nunca poder llegar a la verdadera que se mantiene oculta por sus reflejos. No hay modo de conocer este laberinto a no ser que uno sea el arquitecto o el cautivo.
De todos modos nadie puede asegurar que no conoce este laberinto, porque precisamente el primer paso en un laberinto es cuando lo descubrimos, y a nadie le podré negar lo que ha visto en él porque el que lo creó, creó el infinito. Habrá una resistencia pavorosa de parte de la ilusión para desechar todo vislumbre de claridad. La pereza o el miedo podrán vencer al cautivo y solo la curiosidad podrá salvarlo.
Si usted es el que yo pienso, quizás, lo acabo de condenar al primer paso dentro del laberinto de los siete espejos, los verá en oscuridad, (el color que suele tomar el infinito) disminuida solo por la débil luz que se cuela por los respiraderos del matadero.
He acudido a muchas salidas falsas como el abandono o la locura hasta que supe encontrar aquella verdadera que estuvo frente a mí todos estos años de un irónico encierro en un insondable infinito.
No puedo asegurar que en este laberinto haya estado solo, no lo sé, porque todos los laberintos tienen un enemigo, un híbrido monstruoso que acecha en su matriz. No he visto el del mío, los espejos hacían infinitos esos seiscientos sesenta metros cuadrados y encontrarnos era aun más difícil que encontrar la salida. Seguramente ambos nos estuvimos desplazando en círculo sobre un metro cuadrado apenas sintiendo la presencia del otro.
Considero de temible estupidez a los que lean este informe como una metáfora del universo, del alma o del cuerpo. Esto no es una representación de nada, yo estuve encerrado durante todo un año en el Matadero de Constancia, lugar tan real como nosotros dos.
Aunque el laberinto este hecho de sombras que se engendran constantemente, aunque todo sea ilusión en él, se debe suponer que la primera sombra es de algo o alguien real. Dejo para otros la fácil tarea de imaginar que en realidad nunca he salido de ese laberinto, que nunca se sale del matadero de Constancia y que solo he acudido otra vez a una de las tantas salidas falsas... Pero le regalaré un detalle, que usted me este leyendo en este momento revela que logré escapar. Es muy importante este punto, salvo que usted no sea otra cosa que aquel enemigo de la matriz, ese que todavía no pude encontrar y matar.

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